Al dejarlo de ver en la esquina de siempre: detrás de La Consolación, aledaño a Los Maristas, muchos se preocuparon, preguntaron y nadie dio razón. El viernes por la tarde, después de haber pensado que se había ido, como tantos otros, cruzando el Darien, le vimos en Bella Vista frente al templo, alguien informó que allí estaba.
Sostuvimos unas cortas palabras con él:
- ¿Desde cuándo se mudó para acá?
- Desde hace un mes.
- ¿Cómo se llama?
- Antonio
- ¿Qué tiempo tienes en estas esquinas?
- Veinte años.
- ¿Has levantado tu familia así, de la caridad?
- Si, señor
- ¿Te ayudan mucho?
- Mas o menos.
Antonio pone a prueba la compasión, la solidaridad de los zulianos. Siempre pasará alguien con un alma caritativa, tal vez se piensa que quienes le ayudan una vez, no lo vuelven a hacer y, resulta, que muchas personas no dejan de tenderle la mano, también sucede que pasan personas nuevas y le dan con alegría tal y como dicen las Sagradas Escrituras "Dios bendice al dador alegre".
Nad






