El béisbol organizado y, de manera muy profunda, la pelota invernal venezolana se encuentran de luto. El legendario lanzador, coach y mánager estadounidense Phil Regan, conocido popularmente en el argot deportivo como «El Buitre», falleció este miércoles 8 de julio a los 89 años de edad, de acuerdo con la información suministrada inicialmente por el periodista Jeff Passan de la cadena ESPN.
La trayectoria de Regan en los diamantes representó una de las hojas de servicio más longevas de la disciplina, abarcando un total de siete décadas en diversos roles. Su andar inició formalmente en el año 1956 al estampar su firma con los Tigres de Detroit.
Tras registrar 61 victorias en el sistema de ligas menores de la organización, el serpentinero diestro dio el salto al equipo grande. En las Grandes Ligas acumuló una experiencia de 13 temporadas divididas entre los propios Tigres, los Dodgers de Los Ángeles, los Cachorros de Chicago y los Medias Blancas de Chicago. Durante su carrera en las Mayores, fue seleccionado en una ocasión al Juego de Estrellas, totalizando de por vida 96 compromisos ganados, 92 juegos salvados y 743 ponches propinados.
Tras colgar los ganchos, el norteamericano se dedicó a la instrucción y dirección de lanzadores. Se desempeñó como estratega de los Cachorros a nivel de Grandes Ligas, ojeador de los Marineros de Seattle y coach de pitcheo en los Mets de Nueva York.
Con la organización metropolitana asumió el rol de coordinador de ligas menores y, en un hecho inédito por su longevidad, fue promovido al cuerpo técnico del equipo grande de la MLB en 2019 a los 82 años de edad tras la destitución de Dave Eiland, retirándose de forma oficial al concluir dicha zafra.
En la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), «El Buitre» inscribió su nombre en letras doradas al convertirse en una de las leyendas técnicas más respetadas del circuito invernal. Regan dirigió un total de 18 temporadas en el país, comandando a franquicias como los Cardenales de Lara, Bravos de Margarita y Tiburones de La Guaira.
No obstante, su máxima hazaña histórica radicó en llevar hacia la tierra del campeonato a los dos clubes con la mayor rivalidad de la pelota local: los Leones del Caracas en la zafra 1989-1990 y, posteriormente, a los Navegantes del Magallanes en la campaña 2000-2001, dejando una huella imborrable gracias a su fuerte carácter y su excelsa capacidad para desarrollar brazos desde el montículo.
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