El 2 de julio de 1982, el cielo de California fue testigo de una de las hazañas más absurdas, peligrosas y reales de la aviación amateur. Armado únicamente con una silla de patio, globos de helio y una pistola de perdigones, el camionero estadounidense Larry Walters cumplió su sueño de volar, elevándose a una altitud que desafió toda lógica militar y comercial.
El despegue desde el patio trasero
Larry Walters, apodado cariñosamente por los medios como "Lawnchair Larry" (Larry Silla de Jardín), siempre quiso ser piloto, pero su mala visión se lo impidió. Lejos de rendirse, ideó un plan casero: amarró 42 globos meteorológicos llenos de helio a una resistente silla de jardín de aluminio en el patio de su casa. Su plan original era flotar a unos pocos metros del suelo sobre su vecindario mientras disfrutaba de una cerveza, pero el destino tenía preparado algo mucho más alto.
A 4.600 metros junto a los aviones comerciales
Cuando sus amigos cortaron la cuerda que lo sujetaba a la tierra, la fuerza de ascenso fue descomunal. El sillón se disparó rápidamente hacia las nubes a una velocidad de 240 metros por minuto. Walters terminó flotando a unos impresionantes 4.600 metros (15.000 pies) de altitud sobre la ciudad de Los Ángeles. Totalmente desprotegido del frío extremo, permaneció en el aire durante 45 tensos minutos, cruzando incluso el espacio aéreo del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX), donde pilotos de las aerolíneas TWA y Delta reportaron con incredulidad ver a un hombre sentado en una silla flotando junto a ellos.
Un aterrizaje accidentado y una multa histórica
Para descender, Walters utilizó una pistola de perdigones con la que comenzó a disparar a los globos uno a uno. Sin embargo, dejó caer el arma por accidente, lo que provocó una caída acelerada. El viaje terminó cuando los globos restantes se enredaron en unos cables de alta tensión, causando un apagón en un vecindario de Long Beach, aunque él logró salir completamente ileso. Al tocar tierra, las autoridades federales lo arrestaron de inmediato. Al ser consultado por la prensa sobre por qué lo había hecho, Walters respondió de forma simple: "Un hombre no puede quedarse sentado sin hacer nada". Aunque la Administración Federal de Aviación (FAA) lo multó con 4.000 dólares, su audaz e irresponsable hazaña lo consagró para siempre como una leyenda viviente de la cultura popular estadounidense.
