La realidad alimentaria en Venezuela mantiene su tendencia crítica. Al cierre del primer cuatrimestre del año, la cotidianidad del venezolano está marcada por una brecha abismal entre los ingresos percibidos y el costo real de los alimentos.
La canasta alimentaria familiar en Venezuela, medida por el Cendas-FVM, se ubicó en $692,32 en marzo de 2026, lo que representa un aumento significativo del 7,2% respecto a febrero. Este valor equivale a más de 308.000 bolívares, requiriendo más de 2.400 salarios mínimos para cubrir la alimentación básica de una familia.
Estos costos los maneja el consumidor con un salario mínimo que se mantiene en 130 bolívares, lo que representa apenas un rango de $0,27 a $0,33 mensuales a la tasa oficial.
Se tiene que un trabajador con salario mínimo apenas logra cubrir el 0,05% de la canasta alimentaria. Según estimaciones recientes, cerca del 40% de la población no logra realizar las tres comidas diarias. La dieta se ha simplificado peligrosamente: se sacrifican proteínas y vegetales por productos más "rendidores", como harinas, arroz y grasas.
Para cubrir la totalidad de estos alimentos básicos se requieren aproximadamente 2.400 salarios mínimos mensuales.
Adiós a los "tres golpes"
En el argot zuliano, las tres comidas diarias son conocidas como "los tres golpes". Sin embargo, un sondeo realizado en zonas comerciales de Maracaibo revela que estos golpes son cada vez más débiles o, en muchos casos, inexistentes. Cinco ciudadanos de diversas profesiones compartieron cómo han tenido que reconfigurar su alimentación.
Entrevistamos a cinco personas con distintas profesiones y ocupaciones. La mayoría de los consultados coincidió en que han eliminado al menos una porción de proteínas de su ingesta diaria; también reportan una reducción de las porciones que consumen como consecuencia del aumento de su precio.
Nerva Pereda, enfermera, mencionó que redujo la porción de proteínas que come en el desayuno y eliminó estos alimentos de sus cenas. “Ahora en los desayunos solo como un huevo; es la proteína más barata y rinde”, dijo.
Por su parte, Héctor Ramírez, ingeniero, dijo que, a pesar del aumento de los precios de los alimentos, en su hogar consumen todo tipo de proteínas, verduras y carbohidratos. “Tratamos de tener una dieta balanceada, aunque el mercado cada vez está más costoso y tratamos de reducir las porciones de lo que ingerimos”, afirmó.
Para Miguel Ollarves, contador público, la mejor forma de “rendir el dinero y comer mejor” es recorrer los mercados populares en búsqueda de ofertas.
"Yo camino la ciudad buscando los alimentos y mi esposa se encarga de llevar la proteína a la casa. Nunca hemos dejado de comer pollo o carne, pero sí hemos tenido que disminuir las cantidades”, señaló Julia Díaz, ama de casa.
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