En una exhibición de orden táctico y resistencia, Lakers de Los Ángeles consiguió una victoria vital al derrotar 110-97 a Knicks de Nueva York. Pese a la sensible baja de LeBron James, el conjunto angelino logró blindar su aro para anular a una de las ofensivas más peligrosas de la liga.
La clave del encuentro residió en la intensidad defensiva de los locales. Lakers forzó a la escuadra neoyorquina a una noche errática, limitándolos a un pobre 25,3% de acierto desde la línea de tres puntos. Esta sequía perimetral de los Knicks fue aprovechada por los californianos para imponer su ritmo y controlar los tiempos del partido.
Ante la ausencia de LeBron, Luka Doncic asumió el rol de líder absoluto. El esloveno firmó una planilla de 35 puntos, y aunque no estuvo fino desde la larga distancia (cinco de 16 en triples), apareció con jerarquía en el último cuarto para sofocar cualquier intento de remontada visitante. Su capacidad para generar juego en los momentos de máxima presión fue el ancla que mantuvo a flote a los Lakers.
Aunque los Knicks amenazaron tras el descanso, logrando colocarse a solo dos puntos al inicio del tercer cuarto, los Lakers respondieron con un parcial arrollador que estiró la diferencia hasta los 26 puntos. En el tramo final, el despertar de Jalen Brunson permitió a Nueva York maquillar el resultado, pero el regreso de Doncic a la duela aseguró que el triunfo no se escapara de Los Ángeles.
Esta victoria sirve de bálsamo para los Lakers antes de afrontar una de las etapas más duras del calendario. El equipo deberá medir fuerzas contra rivales directos en la lucha por los playoffs: Minnesota, Denver y Houston.
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