En el mítico césped de Wembley, la selección de Uruguay logró un agónico empate 1-1 frente a Inglaterra gracias a un penal de Federico Valverde en el tiempo de descuento. Sin embargo, más allá de la paridad en el marcador, el funcionamiento colectivo de la Celeste dejó señales preocupantes de cara al debut mundialista frente a Arabia Saudita.
El equipo dirigido por Marcelo Bielsa volvió a mostrar las mismas carencias que arrastra desde la pasada Copa América y la reciente goleada sufrida ante Estados Unidos. Pese a una actitud combativa, Uruguay careció de ideas claras en la generación de juego y prácticamente no exigió al guardameta británico James Trafford durante los 90 minutos.
El nudo del encuentro se desató en el tramo final. A los 81 minutos, Ben White adelantó a los locales tras capitalizar una jugada preparada. El gol no estuvo exento de controversia: los jugadores uruguayos reclamaron una falta previa sobre José María Giménez, quien quedó fuera de la acción por una «cortina» ilegal. Pese a las protestas, el VAR no intervino y el 1-0 pareció sentenciar la tarde londinense.No obstante, la «garra charrúa» apareció en el tiempo añadido.
Tras decretarse una pena máxima a los 94 minutos, el capitán Federico Valverde asumió la responsabilidad. Con un remate potente y cruzado, el volante del Real Madrid selló el 1-1 definitivo y celebró con un gesto de silencio hacia la tribuna, en lo que pareció un desahogo personal ante las críticas por su rendimiento reciente con la selección.
La autocrítica sobrevuela el bando oriental. Si bien Inglaterra presentó un equipo con varias rotaciones, dominó el desarrollo y expuso las grietas defensivas de una Celeste que sigue sin encontrar su mejor versión bajo el mando del estratega rosarino.
Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, el margen de error para Bielsa se reduce. Uruguay necesita transformar el despliegue físico en fútbol asociado si pretende llegar con garantías a la cita máxima en Norteamérica.
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