El amanecer del día 26 sorprendió a Milton recorriendo las calles de Pariaguán, donde, como ya se ha vuelto una hermosa costumbre en esta travesía, los habitantes lo despidieron entre calurosos abrazos y bendiciones. La jornada arrancó con una carga emocional altísima y un acontecimiento técnico muy significativo: casi sin darse cuenta, el odómetro de su fiel compañera de ruta, la bicicleta «Pollito 2.0», se reseteó por completo al alcanzar la impresionante cifra de los 1.000 kilómetros recorridos desde su salida en Ciudad Ojeda.
En este tramo del camino, el zuliano no estuvo solo; ciclistas locales de Anzoátegui se sumaron a la ruta para escoltarlo, mientras que funcionarios de Protección Civil se mantuvieron desplegados a su lado para garantizar su seguridad en una jornada que guardaba fuertes desafíos.

Un escenario digno de película y un bajón de salud
La carretera hacia el sur no dio tregua. A mitad de camino, las condiciones climáticas se tornaron sumamente rudas. El propio Miltico describió el momento comparándolo con la película Tornado, luego de que un repentino e intenso vendaval desatara una fuerte lluvia con ráfagas de viento que azotaron con fuerza a los viajeros. Lejos de amilanarse ante la tempestad, el joven mantuvo su característico optimismo y empuje: «¿Pero qué vamos a hacer? Vamos a darle, pero bello», expresó para infundir ánimo a sus acompañantes.
Sin embargo, el enorme esfuerzo físico acumulado y el choque con el clima pasaron factura. En plena ruta, Milton sufrió un repentino bajón de salud que encendió las alarmas. En medio del malestar, el aliento llegó desde el hogar: recibió un conmovedor mensaje de su madre, quien con tierno instinto materno le pidió que, por favor, al llegar a su próximo destino se comiera una buena sopita para recuperar fuerzas. Escuchando a su cuerpo y el sabio consejo familiar, decidió bajarse de la bicicleta y caminar un rato para tomar un segundo aire, demostrando que la prudencia también es parte de la resistencia.
La empatía empieza por casa: El gesto con el señor Tano
Más allá de los kilómetros y el cansancio, esta travesía ha comenzado a consolidarse como un canal de profunda transformación social y humana. Días atrás, en su paso por Santa María de Ipire, Miltico demostró que la empatía no tiene fronteras, pero que la coherencia siempre empieza por casa.
Al notar que celebrar el esfuerzo de un joven soñador que viene de lejos define a los venezolanos como un pueblo hospitalario, Milton invitó a la colectividad a mirarse hacia adentro y a convertirse en motores de acción en sus propias comunidades, dejando de lado los juicios y sumando más presencia real.
Haciendo honor a esa filosofía, el zuliano se prestó para ayudar a alguien que verdaderamente lo necesitaba en el suelo guariqueño. Se trata de Tano, un señor de avanzada edad cuya bicicleta se encontraba en condiciones muy precarias, completamente «emparapetada» y sin frenos, lo que obligaba al humilde trabajador a frenar directamente con el pie.
En un enorme gesto de desprendimiento, Miltico aprovechó la atención digital que recibe para hacer un llamado público: pidió a todas aquellas personas y talleres que se han ofrecido generosamente a reparar o mejorar a la «Pollito 2.0» ,la cual se encuentra en perfectas condiciones, que redirijan ese apoyo, esos recursos y esa mano de obra para reconstruir y dejar como nueva la bicicleta del señor Tano.
Con esta acción, el joven zuliano reafirma que su viaje a la Gran Sabana es mucho más que un reto deportivo; es un movimiento que tiende puentes, abre caminos y recuerda a todo un país la importancia de respaldar al amigo y al vecino de nuestra propia comunidad que lucha día a día por sus metas.
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