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La montañita de Fabina nos rescató (por Claudio Nazoa)

Escribir hoy es muy difícil. Lo he intentado varias veces y termino botando en la papelera lo que he escrito. Lo que pasa es que hay cosas en la vida, buenas y malas, que son imposibles de transmitir de forma verbal o escrita, igual espero poder compartir lo que después de una semana he logrado plasmar en el papel.

Quienes me conocen, saben que soy un guerrillero del desprestigiado optimismo, pero es que no conozco otra forma de vivir. El optimismo es el culpable de que dos seres nos crearan por amor. El optimismo está muy mal visto porque la gente lo confunde con lo imposible, con la estupidez o con la locura: “¿cómo vas a ser optimista en este momento con lo que está pasando?”, eso es algo que nos dicen muchas veces a lo largo de nuestras vidas.

Aclaremos que, para ser un optimista legítimo, hay que tener fe y eso significa creer posible lo imposible. No cualquiera puede ser optimista. No. Si usted es mala persona y no hace nada por su vida ni por la de los demás y dice ser optimista, usted es una persona estúpida y un gran mentiroso.

El verdadero optimista cree que la vida es un arte; es luchador, trabaja en lo que le gusta o en lo que cree. Es válido y necesario ser optimista cuando todo falla, cuando la vida nos golpea.

Lo malo del optimismo es que, con solo sentirlo, no se garantiza el éxito inmediato. Por ejemplo, Cristo era un optimista que creía que con la fe podía cambiar al mundo y, sin embargo, murió en la cruz a los treinta y tres años. ¿Le sirvió de algo el optimismo a Cristo? La respuesta es sí. Si Cristo no hubiese sido optimista, hoy no existiría el cristianismo.

Estoy tratando de hacer un preámbulo para ver cómo le entro a esto tan horrible que nos está pasando a los venezolanos. En lo personal, soy doliente ya que una sobrina política, azafata, murió en su casa, en la Guaira, junto a su esposo, los encontraron abrazados bajo los escombros. Igual suerte tuvo toda la tripulación del avión que tenía un vuelo programado para el 25 de junio.

 ¿Podemos ante esta magna tragedia ser optimistas? Pues sí, porque quienes quedamos vivos estamos salvando o ayudando de muchas formas para rescatar vidas y darles aliento a las víctimas. Eso solo lo podemos hacer los optimistas que agradecemos a Dios todos los días por estar vivos para poder ayudar.

Optimistas son esos maravillosos héroes del mundo entero que vinieron a Venezuela poniendo su propia vida en peligro para salvar a los sobrevivientes de dos terribles terremotos.

En medio de este horror, una niña de 12 años, llamada Fabiana, fue encontrada después de 24 horas de estar enterrada viva y atrapada bajo toneladas de escombros.

Cuando los rescatistas por fin pudieron verle la cara, ella, con una sonrisa que se ha hecho inmortal, los saludó, les dio las gracias y con simpatía y humor, les dijo: “lo que pasa es que no me veían porque tenía una montañita de cemento encima”. La “montañita”, era un enorme edificio que se desplomó sobre ella.

Fabiana pudo haber estado llorando, como era lógico, sin embargo, rescató a los rescatistas con una sonrisa que nos ha dado una lección de optimismo muy difícil de explicar de forma verbal o escrita.

A pesar de lo feo y lo malo, hay que tener fe y pensar que la vida es bella hasta en los peores momentos.