"Te amo, hija". Esas fueron las últimas palabras que Camila Arellano escuchó de su madre antes de que el mundo se le viniera encima. Con apenas 17 años, esta joven venezolana ha conmovido a miles en las redes sociales al narrar cómo sobrevivió tres días bajo las ruinas del Bloque 3 de La Paz tras el devastador terremoto de junio de 2026, una tragedia que le costó la vida a su madre y a su hermano Rodrigo, y que a ella le significó la pérdida de su pierna derecha.
Esta es la crónica de un milagro sostenido por el amor materno y una inquebrantable voluntad de vivir.
Aquel fatídico día, Camila se encontraba en su apartamento del piso 3 junto a su madre y su hermano mayor. Minutos antes del desastre, reían viendo videos en el teléfono. La alerta sísmica encendió las alarmas de Rodrigo, pero la velocidad del sismo no dio margen de error. El edificio de 14 pisos colapsó por completo.
"Básicamente todo fue en cuestión de segundos… Todo eso fue desesperante. Mi mamá me dijo que la esperara y que no bajara aún", relata Camila con la voz entrecortada por los nervios de revivir el trauma.
En medio del caos, su madre tomó una decisión que le salvaría la vida a Camila, pero le costaría la suya: la abrazó fuertemente de la cadera hacia abajo para protegerla de los objetos que caían. El peso de la estructura fue implacable. En sus últimos instantes, tras comenzar a sangrar, la madre se despidió con un último suspiro de amor. Desde ese momento, el cuerpo sin vida de su progenitora protegió a Camila del colapso total, aunque todo su peso quedó depositado sobre las piernas de la adolescente.
El confinamiento bajo los escombros fue una tortura física y psicológica. Camila confiesa que perdió la noción del tiempo, soportando un calor infernal, rodeada de incendios incipientes y con el temor constante de que las réplicas del sismo terminaran por sepultarla por completo.
Un rescate milagroso y el inicio de una nueva batalla
El tercer día, la fe dio frutos. El padre de Camila, quien nunca dejó de buscarla, llegó hasta el punto del colapso. Al escuchar su voz, la esperanza se materializó.
El rescate fue de una complejidad extrema. El cuerpo de su madre ya presentaba los efectos del paso del tiempo y ejercía una tremenda presión sobre las extremidades de la joven. Los rescatistas y un bombero de la comunidad, a quien Camila define como su "ángel guardián", tuvieron que bañarla en aceite para poder deslizarla y extraerla antes de que las llamas la alcanzaran. Fue rescatada con vida a las 8:00 de la mañana del 26 de junio.
Camila fue trasladada de urgencia al Seguro Social de La Guaira. Las secuelas de la presión prolongada eran graves: sus piernas estaban severamente hinchadas y retenían una cantidad de líquido que amenazaba con colapsar sus pulmones. La única opción para salvarle la vida fue la amputación de su pierna derecha, por encima de la rodilla.
"Pasó algo que es irreal… Cuando me estaban haciendo la operación, de alguna manera mi alma o mi espíritu salió. Yo me estaba viendo ahí en la camilla, viendo cómo me estaban operando".
Debido a riesgos de contaminación en el centro asistencial de La Guaira, fue trasladada de emergencia al Hospital Domingo Luciani en Caracas, donde actualmente se recupera satisfactoriamente y destaca la maravillosa atención del personal médico.
Hoy, Camila se aferra a su segunda oportunidad. Figuras públicas y sobrevivientes que han pasado por procesos similares como el creador de contenido Juan Pablo y la modelo Daniela Álvarez se han puesto en contacto con ella para brindarle apoyo emocional y consejos sobre cómo afrontar la pérdida de una extremidad.
A sus 17 años, y a pesar del inmenso dolor de haber perdido a su madre y a su hermano, Camila cierra su testimonio con una sonrisa de gratitud que desarma a cualquiera: "Estoy agradecida con Dios porque estoy aquí, estoy viva, estoy con mi papá y tengo mucha gente que me apoya… Nací nuevamente".
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