A exactamente cinco días de que el balón ruede en el Estadio Azteca para el partido inaugural entre México y Sudáfrica, el planeta fútbol ha entrado en su última fase de hibernación consciente.
Las maletas están hechas, las 48 selecciones blindan sus búnkeres y los calendarios del mundo entero se preparan para quedar suspendidos en el tiempo. A diferencia de otras vísperas, donde el ruido de los pronósticos lo inunda todo, esta cuenta regresiva se siente distinta.
Quizás sea la inmensidad de un torneo tres veces más grande, expandido a lo largo de un continente entero, o el vértigo de saber que estamos a las puertas del Mundial más impredecible de la historia moderna.
Cinco días no son nada, pero para el hincha que cuenta las horas, se sienten como una eternidad contenida. El rompecabezas ya está armado; solo falta que la música rompa la tensión este 10 de junio y dé paso, por fin, a la bendita locura del juego. La tregua casi termina.
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