La obra: Los orígenes de Maracaibo (Madrid, 1959), de la autoría del Hermano Nectario María, surgió algunas décadas después del debate académico protagonizado por Carlos Medina Chirinos y Mario Briceño Iragorry en torno al fundador y la fecha que debía tomarse para señalar la fundación de Maracaibo.
El primero de estos se mostró partidario del reconocimiento de Ambrosio Alfinger como fundador de esta ciudad en 1529 (tesis que expuso en Fundaciones de las ciudades de Maracaibo, Ciudad Rodrigo y Nueva Zamora. Ni Pacheco ni Maldonado fundaron a Maracaibo, capítulo del libro: Por los vericuetos de la Historia, de 1924); mientras que su oponente refutó tal proposición, mediante la publicación de La fundación de Maracaibo (1929), afirmando que: “La Maracaibo pujante de hoy, arranca como ciudad de la empresa confiada en 1568 al Capitán Alonso Pacheco Maldonado.
El Maracaibo de Alfinger fue apenas un paso de ranchería para saltear indios” (Prólogo de la segunda edición de 1957).
Los argumentos de Medina Chirinos y Briceño Iragorry tenían en común el hecho de carecer de suficientes evidencias documentales, sin las cuales estaban imposibilitados de dirimir este complejo asunto. Resultaba pertinente la publicación de un libro que ofreciera nuevos testimonios y su respectiva compulsa, a fin de avanzar en la comprensión de la etapa originaria de Maracaibo.
Justamente, el aporte del Hermano Nectario María consistió en presentar una visión de este asentamiento, a partir de un intenso trabajo en el Archivo General de Indias (Sevilla-España), mostrando documentos desconocidos hasta ese momento, con los cuales analizó las capitulaciones entre la Corona y los Welser (base legal de la autoridad de Ambrosio Alfínger como jefe de la expedición en Venezuela y su primer Gobernador), así como el itinerario de las tres fundaciones de Maracaibo (1529, 1569 y 1574).
En lo atinente al tema central de su libro, el Hermano Nectario María coincidió con la posición de Briceño Iragorry al reconocer a Alonso Pacheco como fundador de Maracaibo: “Tocole en suerte al Capitán Alonso Pacheco ser el héroe de esta fundación y echar en 1569 los cimientos de la ciudad de Maracaibo con la fundación de la Nueva Ciudad Rodrigo, que constituye el verdadero origen y comienzo de la actual ciudad de Maracaibo, no pudiendo de ningún modo considerarse como tal la iniciación plantada allí por Ambrosio Alfínger, por distanciar entre ambas fundaciones un extenso lapso de tiempo y no existir entre ellas ningún enlace ni continuidad”.
El argumento central de estas afirmaciones se ubica en el hecho de haber sido Pacheco quien dotó por primera vez a Maracaibo de cabildo en 1569, institución de gobierno que solía constituirse al fundarse una población en el contexto del orden monárquico hispanoamericano.
Sin embargo, las evidencias documentales presentes en esta obra, también permiten aseverar que Ambrosio Alfínger fundó una villa en 1529, a la que permitió se le conociera como Maracaibo, y si bien es cierto, afirma el propio Hermano Nectario María, “careció de regidores y alcaldes ordinarios, o de cabildo civil, que era la característica de las fundaciones de ciudad, tuvo, sin embargo, Teniente de Gobernador, Alcalde Mayor, escribano público y Alguacil Mayor; y Tenientes de Tesorero, contador y factor; estos últimos nombrados por los Oficiales Reales de Coro, por lo cual el nombre de Villa parece cuadrarle mejor que cualquier otro”. Adicionalmente, esta villa contó con la presencia evangelizadora de la Iglesia, por lo que “tuvo servicios religiosos e iglesia parroquial, aunque fuese ésta de palmas, en la cual actuó al principio el Padre Juan Rodríguez de Robledo todo el tiempo que estuvo allí Alfínger estacionado y aún después, hasta su salida a los Pacabueyes, en septiembre de 1531, a donde le acompañó en calidad de capellán de los expedicionarios. Luego desempeñó el cargo de cura párroco o de encargado de la población el presbítero Mosén Jayme Varón, que atendió también al servicio espiritual de los vecinos de Maracaibo”. Por tanto, en la primera fundación, la localidad tuvo “todos los caracteres de un verdadero pueblo”.
Cabe entonces preguntarse, ¿Por qué tanto Briceño Iragorry como el Hermano Nectario María no reconocen que Maracaibo fue fundada en 1529 por Ambrosio Alfínger? Básicamente por dos razones: porque no dispuso de cabildo y, adicionalmente, por haber sido despoblada en 1535.
No obstante, sabemos que, aunque no fue dotada de tal institución, si tuvo instancias de gobierno; y si bien fue despoblada, aquella villa perduró más tiempo del que tuvo Ciudad Rodrigo a partir de 1569 (mientras la primera se mantuvo 6 años, la segunda fundación solo abarcó algo menos de cinco años). Fernando Guerrero Matheus, segundo Cronista de Maracaibo, en su obra En la Ciudad y el Tiempo, agrega lo siguiente:
“Se impone observar que cuando en 1533 llega a conocimiento del Rey de España el propósito que ya abrigaban los Belzares de despoblar Maracaibo, el Monarca en real cédula de 11 de Diciembre de ese año; hace alusión directa a los oficiales y regidores de Coro y Maracaibo, Luís González de Leyva y Alonso de la Llana.
Esta referencia del Rey y otras contenidas en el citado documento, advierten claramente la existencia del Cabildo de Maracaibo. De esta suerte cabe inferir, que si bien la fundación de Alfinger no contó con cabildo en su etapa inicial, lo tuvo a los pocos años, siguiendo, seguramente, la prelación y el estilo tradicional de la fundación sajona”.
A su vez, Ángel Francisco Brice, en: ¿Quién fue el verdadero fundador de Maracaibo?, ponencia presentada en el simposio organizado por el Centro Histórico del Zulia, celebrado en agosto de 1965, para fijar posición con respecto al fundador y la fecha de fundación de Maracaibo, indicó que la obligación de dotar de cabildo a las poblaciones erigidas en Hispanoamérica, surgió en la segunda mitad del siglo XVI, posterior al contrato o capitulaciones entre la Corona española y los Welser. Habiendo surgido como villa en 1529, Maracaibo fue administrada y dirigida inicialmente por medio de otra instancia, que incluía la figura del Alcalde Mayor.
La referida ponencia del Dr. Ángel Francisco Brice, -en cuyas conclusiones se reconoce como fundador de Maracaibo a Ambrosio Alfinger, y como fecha de este acontecimiento el 08 de septiembre de 1529-, fue adoptada unánimemente por la asamblea de miembros del Centro Histórico del Zulia, el 24 de agosto de 1965. Años después, el 08 de septiembre de 1979, el Concejo Municipal de Maracaibo acordó aceptar dichas conclusiones, y aquel año la ciudad celebró el aniversario 450 de su fundación.
Con acierto, el Pbro. Gustavo Ocando Yamarte, afirma lo siguiente en su libro Historia del Zulia:
“Maracaibo, Ciudad Rodrigo de Maracaibo y Nueva Zamora de la Laguna de Maracaibo pueden considerarse como tres etapas de una sola realidad (…) Ambrosio Alfinger fue el primero que llegó a la zona, el primero que pobló, el primero que le puso el nombre de Maracaibo para una ciudad de blancos, el primero que creó gobierno organizado, el primero que introdujo familias. Históricamente no se le puede negar ese mérito porque fuera un comerciante despiadado y no español”.
Todos los pueblos tienen necesidad de conocer sus orígenes, pues esto resulta esencial en la conformación de la identidad. Maracaibo fue inicialmente un pueblo indígena, que a partir del 08 de septiembre de 1529 comenzó a ser mestizo, signado por la mixtura cultural e integrado al mundo occidental. En aquel momento se aceleró el curso de su historia y cinco siglos después tenemos el deber de hacerla próspera y ordenada, valorando la diversidad que nos define desde hace cinco siglos.
Hoy tenemos la oportunidad de leer Los Orígenes de Maracaibo, descargando la versión digital de este libro en: https://zenodo.org/records/19948502
*Cronista de Maracaibo. Profesor de historia de Venezuela en la Universidad del Zulia. Miembro de la Academia de Historia del Estado Zulia, E-mail: [email protected] Instagram: @cronistademaracaibo X: @CronMaracaibo TikTok: @cronistademaracaibo